Que si de beber vino por sangre se tratara, millones de cuerpos se saberían hoy secos, así sin más, casi como un exterminio masivo de dioses, quizás en horas del almuerzo y también de cena y no hablo de últimas horas. No, en absoluto.Ese vino que guardaba significados tal vez mágicos de procesos estrictos y duraderos, casi primitivos, de cosechas y de vientos, de pizadas, de manos gastadas, hoy es desvirtuado ferózmente producto de los años, de las bocas, de las almas, que se embeben, que se llenan indiscriminadamente. Ese mismo vino, es el que habita en cada arruga de sus cuerpos.