3.24.2011


Simplemente la cabeza, y las ideas que se revuelven.
Que corren alrededor de una habitación con las paredes empapeladas de indecisión.
Que van, que vienen, que bailan libres en terrazas inmensas.
Que caminan en fila india a un paso de su propio abismo.
Que renacen y que hartas estallan.
Pero en fin es simplemente una cabeza.
Y mejor va a ser que todo lo que viene con ella se guarde en aquel cajón.
Que de paso no es diminuto.
Donde uno suele dejar ciertos aspectos indispensables que son reemplazados por costumbres endebles.

3.22.2011

Con mis manos haré brisa para que no

Y si yo algún sábado por la mañana despierto a tu lado, casi enrollada, admirándo la luz de tu piel. Admirándolo todo.
Con la sensación de haber llegado por fin al lugar por el que tanto corrí, por el que tanto cambié.
Con la intención de quedarme, hundirme y que me tomes con la sola condición de amarrarte, con ganas esta vez, con la condición de estar en tu cabeza sólo porque necesitas invocarme, para luchar contra la sombra por la que nunca gritaste.
Y si yo te escucho respirar, te escucho hablar y si yo te siento, si sólo te siento, tu ritmo, tu olor, tu ir y venir.
Y si pienso y gracias a esto termino de desconocer de que va el mundo si es así como yo muero y más que nunca vivo.

3.15.2011

No entendés la magnificencia que habita en el despertar peleando a la noche y verte ahí completamente blanca, disfrazada de sombras, tirada en las sábanas.
Cualquiera puede hablarte de la sociedad,
de fines,
de comienzos,
de renacer,
de reencarnar,
de vivir,
de morir,
de traumas,
de llantos,
de lunas,
de política,
de sabiduría,
de capitalismo,
de negocios,
de revolución,
de esto de lo otro,
que sí,
que no,
que el bien,
que el mal.

Cualquiera puede decirte que no tengas miedo,
cualquiera puede mirarte y simplemente pensar que la locura conquistó tu cabeza,
cualquiera puede evitarte,
hundirte,
cualquiera puede abrir puertas y al mismo tiempo cerrar su cabeza,
cualquiera puede no entender,
cualquiera puede no aguantar,
cualquiera puede huir,
cualquiera se puede atar,
cualquiera puede crear autismo,
cualquiera puede callarte,
cualquiera puede desconocerte.

Cualquiera puede pensar lo que quiera y es fundamental en esta corrida.
Cualquiera puede encontrar lo que de verdad esté buscando.
Cualquiera puede ser, hacer, deshacer cualquiera.

No cualquiera conoce,
no cualquiera sabe,
no cualquiera pretende entrar.

Porque son pocos los que escuchan con interés.
Porque absolutamente todo, es así de simple.

3.09.2011

Tenemos que hablar. Se sientan en una habitación llena de una atmósfera vacía, calma. Cierran la puerta buscando aislar quién sabe que nuevo debate espinoso y sin embargo se alcanza a escuchar la televisión encendida desde el piso de abajo.
Ni los medios ni los aislantes deteriorados por la humedad del tiempo logran detenerlos, es que la azotea esconde tantos recintos. Oscuros y ciegos, olvidados, pasados latentes, claros, audaces, iluminados. Cualquier cosa que ellos quisieran encontrar diría, pero hasta donde pueda uno llegar.
Antes ya de ubicarse en aquellas sillas polvorientas y desacordes el aire se torna tortuoso en la lucha de los pasados ocultos. En la lucha de los rincones cerrados. Es que es un paradigma que simplemente le araña la piel por dentro al dueño de la duda y que quema al mudo y lo envuelve, lo ata con sogas persistentes y lo hunde casi perpetuamente.
Dolía tanto, el dolor era casi tan exagerado como ambos. Y casi que se carcomían los ojos buscando y buscando esa pizca de infelicidad enterrada en el cuerpo, esas marcas, invisibles a los ojos. El dolor se sentía, se olía, se dejaba ver, había momentos casi eternos en el que no permitía ser amordazado. Tenía que salir, tenía que llorarse, tenía que pensarse y pensarse, tenía que preguntarse y responderse, una y otra vez. Tenía inevitablemente que juzgar buscando víctimas y culpables.
Aunque escarbaban, las palabras que alcanzaban a resbalar eran producto de un puro entorpecimiento y obstaculización de un rincón casi amnésico. Y las risas intranquilas, las risas que daban por segura la develación del disimulo.
Iban a seguir asi hasta que la soga finalmente viera su fin. Hasta que la puerta se restaurara, hasta que las paredes siguieran la polvorienta melodía de aquellas sillas, hasta que las bocas se cansaran de tanto callar. Mientras tanto iban a entrar y salir una y otra vez de aquella indecisa habitación.

3.06.2011


Simplemente tengo que dejarla ser. Con su todo y su nada. Hundirse en mi cada vez que respiro, cada vez que miro, cada vez que siento.

Ella: Tenemos nuevos planes, las cosas cambiaron, aparecieron ideas, proposiciones, caminos alternativos que por más de que no apostemos a la seguridad de la cercanía debemos aprovechar. Quizás porque sí, quizás porque hace falta que un par de locos inconcientes anden sueltos, quizás porque tenemos más ganas de aprender a vivir que nadie, quizás porque tenemos la locura en nuestra espalda.


Él: Que lindo, yo tenía esa misma idea cuando era joven, pero bueno, sabés bien que aparecieron ataduras, responsabilidades y dije que trabajaría sólo un par de años en la cooperativa. Hace quince que estoy acá. Había pensado tantas cosas, quería irme en bicicleta en un momento.


Ella: Sí, eso es lo que nos mueve a correr por las dudas de que el tiempo nos apresure a echar raíces, antes de que la cabeza se canse de lo impredecible, antes de cualquier cosa. Pero, ¿a dónde querías irte en bicicleta?


Él: A Buenos Aires, igualmente mejor haberme quedado, mirá si la locura me atacaba allá, lejos. Me internaban en un manicomio.


Ella: La locura es hermosa y médicos hay en todos lados. Pero sí, el apoyo no se consigue en cualquier lugar, el apoyo es casa.


Él: Sí, por eso mismo. Vos no sabés si es hermosa la locura, yo sí.


Ella: Un poco de eso sé, dejame pensar que sé sobre ella.

A veces existen las épocas en las que uno pasa un lunes de marzo helado durmiendo en un auto, inserta en una charla de hombres que ríen, que confían, que hablan y hablan. A veces uno decide tomarse un minuto para brindar por un último primer día en un camino que marca para siempre.
A veces es una sóla y única vez, un solo último año, un solo respiro a causa de tantos recuerdos, tantas idas, tantas venidas. Un par de lágrimas que actúan de agradecimiento por lo que nos toca, porque nos haya tocado juntos y porque nunca termine aunque termine, porque el fin sea sólo el fin del camino que recorrimos tal cual lo conocemos.