Fue la suavidad, la perfección, el principio de mi cambio.
Fuiste vos, en mi. En mi cabeza, en mis ideas, en mis proyecciones.
Fuiste mi locura, mi mejor y mas hermosa locura.
Y no se bien, que pasó, que pasará con la magia, con el show.
Es que conocemos al mundo. Y el mundo por ignorancia nos desconoce.
Pero bueno es saber, es decir, es gritar. Gritar con los ojos y los puños bien cerrados.
Gritar que tuve lo que idealicé durante tanto tiempo, no tuve, no tengo, gritar que lo sentí.
Gritar por esto que me embebe, que me absorbe, que me libera.
Reír con la persona, esa única, extraordinaria, merecedora de todo lo exactamente adecuado.
Merecedora simplemente de lo magnifico.
Amar ese segundo, fuera del mundo. Fuera del tiempo, fuera.
Sospechar de la voz, de la risa, que sin explicación te alcanza.
Aprender a sentir, la piel, exquisita, tibia, sensible, frágil, que pide, sin descanso.
Aprender a amar el hormigueo, el suspiro, la tregua.
Aprender de vos, de mi, del mundo. Mirar y poder ver la inconmensurable eternidad.
Y dejar por un momento atrás el mar y lo inmenso del abismo.
Imaginarte, imaginarme, imaginarnos. Quizás para siempre.
Y es asi, como te pienso y te vuelvo a pensar.
Persona perfecta.