Francamente soy, sin tanto.
9.25.2011
Valentina, soy.
Ay pobre aquella mujer que desde aquí en las afueras logro sentir. Esa que un día lo dejó todo y con todo me refiero simplemente a ese extraño cuaderno, puerta camuflada a un universo contradictorio, pues era su talento si es que así puede decirse o pensarse siquiera.
Yo no sé, dónde fue, pero en un eterno momento se perdió rodeada de esa luz bastarda, es que retrae poco a poco las entrañas, que quema las pupilas, las retinas, ese sí que era un mal real para ella porque era en la oscuridad dónde iba y venía, sabía cómo, dónde, cuándo y por qué, si es que esas cosas son posibles de saberse.
La realidad es que por un largo instante ella desapareció de si, básicamente era un personaje sin guión ni cámaras, sin públicos ni miradas, sin elogios ni críticas, ya no era nada de lo que por suponer alguna vez habría sido.
Hasta que volvió a reflejarse nuevamente ahí dónde no existían ni importaban los espejos.
Andábamos para no
Prefiero la sombra, y no es preferir sin razón, la prefiero porque me cubre, porque atenúa los maullidos de Ventana, que exige manos y juegos desde el otro lado de la ventana y también por el opaco de tu lapicera celestona, que un día de sol y cartas, de chinchones ganados y perdidos, de timba, me pediste que conserve, simplemente para asegurarte de recordarme que para nosotras existe el mismo intercambio, que permanecemos ligadas, como las figuritas de colección, como cuando es necesario dar y recibir, recibir y dar, o mas precisamente ambas cosas en simultaneo, recurriendo inevitablemente a la magia intangible de nuestra suerte, como sacándole la lengua a las reglas de linealidad de la palabra misma.
Lo cierto es qe la perfección se mudó de ambiente, lo cierto es que el tiempo todo lo modificó y también muy cierto es que no se para dónde huir, contra que pared golpearme, cuanto mas fuerte debería pellizcarme, lo cierto es que ando enceguecida, camino con el olvido de tus pies pequeños, con el delirio y la duda de tu piel de un blanco abismal, con la pregunta en tus ojos, con el llanto en tu boca, con el reclamo de compañía, con el miedo a todo, a esa nada misma, la nada que por buscarle sentido es un vacio irritante y ensordecedor.
Y la verdad es que lo sé, lo sé y te lo dije, ya sé de tus silencios, sé de tus pretextos, de tus cuentos, del fin de tus idas, del propósito de tus venidas, sé lo que quisieras escuchar, sé lo que no soportarías, sé lo ínfimo y también lo obvio, la realidad es que de todo eso sé, incluso antes de que aparezcas en escena, antes de que agarres o siquiera pienses el discurso.
La lluvia ya advirtió el cambio mi amor, me lo susurro y yo tuve que gritártelo bajo el chaparrón, ahora nos toca correr por otros senderos para volver a encontrarnos, después de este malentendido espiritual, en el cual la magia huyó, en el que la magia fue a esconderse con la pretensión de ser encontrada y acompañada cual sardina enlatada, como un mero juego de niños de interiores abstractos que no fueron corrompidos, pantalones sucios, espíritus curiosos y cordones desatados, este es el mero hecho, de simplemente forzar la nueva búsqueda, la nueva y madura magnificencia propia de tu pie, el nuevo sentir que partió de los viejos suspiros a la hora de hacer el amor, a la hora de escapar del mundo, de burlar la realidad cuando se encuentra taciturna y distraída a causa del tiempo.
8.30.2011
8.21.2011
Vidas de vino
6.13.2011

"Es que no hay a quién culpar, no hay necesidad, pero adentro los cuestionamientos quedan. Cuando falta la imprescindible contradicción que a mí por lo menos me hace, me destruye, me conforma, me rebalsa, esa problemática confusión que traen consigo las contraposiciones, las comparaciones. Que la paz que en vos genero no se compara con la adicción a la piel, con esa pura necesidad que en mí gracias a vos, a tu cuerpo, a tus manos, existe.
Quizás sea poesía y quizás no basta, quizás sea y no. Quizás no alcance darte eso, darte estabilidad y la seguridad de que las noches en las que tengo la posibilidad de compartir tu cama sueños horribles no van a perseguirte en lo más profundo. Quizás quiero que veas también la locura que inunda mi ser en el mero roce, en tu simple fragancia, en mi imperfecta incapacidad de poder ocupar ese lugar, de poder invocar la ceguedad del ir y venir necesario, el grito de las respiraciones. Es eso lo que perturba, lo que quisiera escuchar.
Que sientas como yo el desgarro más profundo y más bello, el llanto, la risa, la necesidad, la adicción, la locura, la miel, de vos en mí. Y si ese sentimiento realmente existe aunque sea un segundo, el mundo que conocía desaparece, porque es sólo sed eterna, la que invade, la que contra la preferencia de tranquilidad me mata horriblemente."
El tiempo se esfuma, poco a poco. Entra en mi, en nosotros, cuando los días ya no están. Cuando decimos, cuando venimos, cuando planeamos. El fin, el fin de la queja precisa, el fin de aquel magnifico tiempo libre para hacer cosas impensadas.
Los años que pasan, que se adentran, que se suman, ahí en nuestras espaldas. Bello, bello, pero qué bello.
Es esta vida en la que corremos cual sueño, esta vida de altos y de bajos.
Ay y esos futuros que no se saben, que ni se imaginan. Quién estará allá o acá, en ningún lado. Quién será eterno. Cuantos rumbos se desatan, cuántos factores tocan las puertas, los timbres, las campanas. Vienen por nosotros, ella viene a llevarnos, a incentivarnos a volar.
Y en esta instancia ya no depende de nadie. Cuánto misterio se esconde en esta nueva niebla, en este nuevo desorden de pensamientos, en este nuestro nuevo y glorioso miedo.
Tengo que decir que este lugar ya no es, sin, sin magia. Estas tardes de un invierno que se asoma, tardes sin sentido.
Y la cabeza, la cabeza mata, retuerce. Las sensaciones, la falta del calor perdido que habita finalmente en aquel otro lugar, dónde estas.
Y ya muero dónde vivo, muero en la distancia, en la ausencia de ese papel tuyo que es necesario. Pero es mejor cerrar los ojos, soñar que nada de esto pasó, soñar que nada de esto me carcomió la personalidad a lo largo de los años. Soñar que nunca me faltaste, que no sos el materialismo reencarnado, que me recordás como en los inicios en los que estuviste presente, que te interesa verdaderamente, que te percatás del desorden que habita entre nosotras. Es mejor así, ver quemar todas esas palabras que salieron de vos durante tanto tiempo, ver como se hunde la frialdad que entrenamos con tanta precisión. Ver las cosas en su lugar, por favor.
Tranquilidad es saberme tranquila que como creo y genero disturbios continuos, culpas que cargo, que como creo todo aquello puedo vivir la antítesis, muy dentro, muy dentro. Puedo pensarla, pensarte, integrar tu imagen a todos esos momentos en los que permaneciste ocupándote de cosas importantes mientras los años y las marcas pasaban y quedaban, construían, el miedo, el vacío. Maldita, maldita seas cabeza por no borrar, por no poder seguir.
No es hablar

Y no es hablar de una cama destendida, no es hablar de méritos o de reconocimiento. Es simplemente una perspectiva de marginalidad que en su ser tiene lineamientos necesarios e indispensables. Es como esto que, a pesar de las denigraciones, los complejos de inferioridades y la psicología patológica, en nosotros habita. Tal y como detalles que se dan por sabidos, tabúes, pelotudeces al fin que existen y flotan en una realidad que los alimenta, que los incentiva a vivir, a ser implacables, a ser pilares, y no, en realidad sabemos que son aquellas otras cosas las fundamentales.
Esa represión instalada en el desconocimiento, el mal uso de la información. Y son vueltas y vueltas, giros, maniobras. Para terminar preguntando al final, después de haber hablado de parámetros y de funciones que son la página principal del diario de nuestra vida personal, ¿a quién más que a mi le importa quién yace en mi cama?
5.23.2011
Y las máscaras, vuelan, se caen, siempre, no se dura en la mentira. Nunca, porque a final de cuentas no es lo correcto.
5.13.2011
4.13.2011
La noche al revés

Es así, todos los días asoma la noche patas arriba, esa noche que por costumbre se ignora con el sueño casi siempre. Esa noche que por costumbre, sobre que esta patas arriba se tira por la ventana.
Esa noche que yo miraba, que yo cuestionaba desde la ventana un día de abril. Miraba lo que se alcanzaba a ver desde la altura del tercer piso, escuchaba la música ajena, sentía el frío que nada podía hacerme. Añoraba la compañía a veces, la verdadera, esa, esa que los sordos se niegan a ver. No añoraba una casa llena de gente, necesitaba una casa simplemente llena. Llena de todo lo que quisiera, llena de noche.
En fin, las cosas seguían este curso, que no era su único. Y yo volaba a la libertad que como la noche, por fin se estaba asomando.

Es a esta hora del día, cuando me puedo finalmente sentar, estirar, relajar. Es a esta hora del día cuando me apetece escribir y es a esta hora del día también cuando las ideas que había reformulado durante un día de calor insoportable se esconden en una cueva, se caen a un pozo. Un pozo como el de mi sueño de antenoche dónde mi bisabuela manejaba un auto en el que iban también mi abuela, y su hija. Eran cuatro generaciones sobre las mismas cuatro ruedas, encerradas en el mismo ámbito. Pero yo reía, mientras mi abuela atravesaba con dificultad y un humor perspicaz inmensos pozos. El auto zigzagueaba y la rancia mujer miraba hacia adelante entre quejas.
Las risas seguían entre nosotras, la antigua y la joven, yo cuidaba su vista hasta que me percaté que el donaire no se contagiaba a las otras dos mujeres, me distraje y el auto cayó al río. Empezó a hundirse entre el agua, a llenarse, pero todas guardábamos calma.
Cuestionarios de una tarde anunciada
El porqué esos trapos sucios, rebosantes de olores, de olores en general, los remitían a su lugar. Ese lugar que en realidad estaba en todas partes y a la vez en ninguno. El porqué del aferrarse a él, para llenar, para conformar al cuerpo, que anhelando fragmentos pedía tanto. El porqué de todo esto, de toda esta psicología histérica, de todo este llanto. Cuán escondido ese porqué estaba, esta y va a estar, porque en realidad es tan claro. Es ese traspié de la historia, de articular personas dónde no corresponde. Es esa mínima y exquisita equivocación, de parir interfectos que tiempo después van a necesitar un trapo sucio, lleno de los olores y la tranquilidad que les falta. Esos que después quizás encuentren la cura en un lugar polémico a una distancia humanamente dura de soportar. Pero que a pesar de todo va a ser perfectamente coincidente, merecedor de aplausos y agradecimientos infinitos, inmortales. Porque a pesar de todo va a ser el cable a la utopía, el puente a la magnificencia.
Como ella.
4.07.2011
Hay cosas que suceden cuando uno no mira. Convengamos que la atención es algo delicado. Convengamos que el mundo es tan inmenso, es tan eterno para mirarlo con sólo dos simples ojos. Hay tiempos que se pasan, hay miedos que surgen de la oscuridad, hay miedos que nacen, hay locuras que imploran ser escuchadas. Hay vida. Hay vida en muchos afortunados.
Hay cosas que brotan, desde la tierra, desde su medio, ese medio profundo, ese medio desconocido, mientras uno se sienta con la intención de ser empapado por una buena canción.
Hay cosas que no se saben, que se ignoran, por el simple hecho de elegir no querer saber. Hay elecciones ciegas después, y quejas, ¡ay! Miles de quejas por esos que en su esencia preferían la mediocridad.
Hay voces, voces que asienten, voces que desentonan, voces que te consumen, palabras en realidad, que son huracanes que amenazan, que debilitan.
Hay opiniones, monólogos, hay expectativas, que se tiran, se desdibujan, se queman, se mueren, se entierran, se pisan.
Hay una persona que responde. Y por suerte en cualquier cartera, hay un cigarrillo.
Hubo una vez en la que un hombre despertó, por la mañana, teniendo recuerdos casi vivos y nítidos de lo que quizás en medio de la noche había soñado. Esta viveza, esta cercanía, esta conexión que habitaba entre dos universos, la confusión, lo tenía intranquilo mientras rezongando levantaba su cuerpo todavía adormecido. Era como las realidades planteadas por Cortázar, dónde ambas perspectivas eran casi innegables. Dónde indios conducían motocicletas, dónde mujeres ahogaban su cuerpo en ríos. Quién sabía en esta inmensidad lo que esa otra realidad tangible significaba. Sólo quién se percatara, de eso está uno más que seguro. Sólo quién quizás con una locura obsesionada palpara esta duda.
Pero el sin embargo siguió con su rutina matutina, siguió con las tareas comunes que este lado de la vida le planteaba, quizás anhelando volver al sueño, del que no habló siempre anhelando.
4.03.2011

Existe ese instante en el tiempo en el que una sequía descomunal recorre los diccionarios, un bozal encarcela el habla y un par de sogas amarran los dedos.
Que pila de segundos más desfachatados. Y vos por ejemplo, vos que te sentás, que dormitas, en cualquier espacio, en esta atmósfera, vos estas gritando adentro. Un adentro profundo, lleno de barreras.
Entonces miles y millones de muñequitos que habitan tu cuerpo empiezan a ir y venir, a correr, a saltar, casi ahogados. Entonces ya en la noche dónde es preciso volar aprovechando el equilibrio del aire, el mundo se torna otro desconocido, entonces es ahí donde un cigarrillo consumido confiesa murmurando que aquello prohibido por lo que tanto uno anduvo no es más que su propio adjetivo.

