Ay pobre aquella mujer que desde aquí en las afueras logro sentir. Esa que un día lo dejó todo y con todo me refiero simplemente a ese extraño cuaderno, puerta camuflada a un universo contradictorio, pues era su talento si es que así puede decirse o pensarse siquiera.
Yo no sé, dónde fue, pero en un eterno momento se perdió rodeada de esa luz bastarda, es que retrae poco a poco las entrañas, que quema las pupilas, las retinas, ese sí que era un mal real para ella porque era en la oscuridad dónde iba y venía, sabía cómo, dónde, cuándo y por qué, si es que esas cosas son posibles de saberse.
La realidad es que por un largo instante ella desapareció de si, básicamente era un personaje sin guión ni cámaras, sin públicos ni miradas, sin elogios ni críticas, ya no era nada de lo que por suponer alguna vez habría sido.
Hasta que volvió a reflejarse nuevamente ahí dónde no existían ni importaban los espejos.
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