6.13.2011

Tengo que decir que este lugar ya no es, sin, sin magia. Estas tardes de un invierno que se asoma, tardes sin sentido.

Y la cabeza, la cabeza mata, retuerce. Las sensaciones, la falta del calor perdido que habita finalmente en aquel otro lugar, dónde estas.

Y ya muero dónde vivo, muero en la distancia, en la ausencia de ese papel tuyo que es necesario. Pero es mejor cerrar los ojos, soñar que nada de esto pasó, soñar que nada de esto me carcomió la personalidad a lo largo de los años. Soñar que nunca me faltaste, que no sos el materialismo reencarnado, que me recordás como en los inicios en los que estuviste presente, que te interesa verdaderamente, que te percatás del desorden que habita entre nosotras. Es mejor así, ver quemar todas esas palabras que salieron de vos durante tanto tiempo, ver como se hunde la frialdad que entrenamos con tanta precisión. Ver las cosas en su lugar, por favor.

Tranquilidad es saberme tranquila que como creo y genero disturbios continuos, culpas que cargo, que como creo todo aquello puedo vivir la antítesis, muy dentro, muy dentro. Puedo pensarla, pensarte, integrar tu imagen a todos esos momentos en los que permaneciste ocupándote de cosas importantes mientras los años y las marcas pasaban y quedaban, construían, el miedo, el vacío. Maldita, maldita seas cabeza por no borrar, por no poder seguir.

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