
Existe ese instante en el tiempo en el que una sequía descomunal recorre los diccionarios, un bozal encarcela el habla y un par de sogas amarran los dedos.
Que pila de segundos más desfachatados. Y vos por ejemplo, vos que te sentás, que dormitas, en cualquier espacio, en esta atmósfera, vos estas gritando adentro. Un adentro profundo, lleno de barreras.
Entonces miles y millones de muñequitos que habitan tu cuerpo empiezan a ir y venir, a correr, a saltar, casi ahogados. Entonces ya en la noche dónde es preciso volar aprovechando el equilibrio del aire, el mundo se torna otro desconocido, entonces es ahí donde un cigarrillo consumido confiesa murmurando que aquello prohibido por lo que tanto uno anduvo no es más que su propio adjetivo.
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