4.13.2011


Es a esta hora del día, cuando me puedo finalmente sentar, estirar, relajar. Es a esta hora del día cuando me apetece escribir y es a esta hora del día también cuando las ideas que había reformulado durante un día de calor insoportable se esconden en una cueva, se caen a un pozo. Un pozo como el de mi sueño de antenoche dónde mi bisabuela manejaba un auto en el que iban también mi abuela, y su hija. Eran cuatro generaciones sobre las mismas cuatro ruedas, encerradas en el mismo ámbito. Pero yo reía, mientras mi abuela atravesaba con dificultad y un humor perspicaz inmensos pozos. El auto zigzagueaba y la rancia mujer miraba hacia adelante entre quejas.

Las risas seguían entre nosotras, la antigua y la joven, yo cuidaba su vista hasta que me percaté que el donaire no se contagiaba a las otras dos mujeres, me distraje y el auto cayó al río. Empezó a hundirse entre el agua, a llenarse, pero todas guardábamos calma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario