Hubo una vez en la que un hombre despertó, por la mañana, teniendo recuerdos casi vivos y nítidos de lo que quizás en medio de la noche había soñado. Esta viveza, esta cercanía, esta conexión que habitaba entre dos universos, la confusión, lo tenía intranquilo mientras rezongando levantaba su cuerpo todavía adormecido. Era como las realidades planteadas por Cortázar, dónde ambas perspectivas eran casi innegables. Dónde indios conducían motocicletas, dónde mujeres ahogaban su cuerpo en ríos. Quién sabía en esta inmensidad lo que esa otra realidad tangible significaba. Sólo quién se percatara, de eso está uno más que seguro. Sólo quién quizás con una locura obsesionada palpara esta duda.
Pero el sin embargo siguió con su rutina matutina, siguió con las tareas comunes que este lado de la vida le planteaba, quizás anhelando volver al sueño, del que no habló siempre anhelando.
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