4.13.2011

Cuestionarios de una tarde anunciada

El porqué esos trapos sucios, rebosantes de olores, de olores en general, los remitían a su lugar. Ese lugar que en realidad estaba en todas partes y a la vez en ninguno. El porqué del aferrarse a él, para llenar, para conformar al cuerpo, que anhelando fragmentos pedía tanto. El porqué de todo esto, de toda esta psicología histérica, de todo este llanto. Cuán escondido ese porqué estaba, esta y va a estar, porque en realidad es tan claro. Es ese traspié de la historia, de articular personas dónde no corresponde. Es esa mínima y exquisita equivocación, de parir interfectos que tiempo después van a necesitar un trapo sucio, lleno de los olores y la tranquilidad que les falta. Esos que después quizás encuentren la cura en un lugar polémico a una distancia humanamente dura de soportar. Pero que a pesar de todo va a ser perfectamente coincidente, merecedor de aplausos y agradecimientos infinitos, inmortales. Porque a pesar de todo va a ser el cable a la utopía, el puente a la magnificencia.

Como ella.

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