Ese vino que guardaba significados tal vez mágicos de procesos estrictos y duraderos, casi primitivos, de cosechas y de vientos, de pizadas, de manos gastadas, hoy es desvirtuado ferózmente producto de los años, de las bocas, de las almas, que se embeben, que se llenan indiscriminadamente. Ese mismo vino, es el que habita en cada arruga de sus cuerpos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario