
Ella: Tenemos nuevos planes, las cosas cambiaron, aparecieron ideas, proposiciones, caminos alternativos que por más de que no apostemos a la seguridad de la cercanía debemos aprovechar. Quizás porque sí, quizás porque hace falta que un par de locos inconcientes anden sueltos, quizás porque tenemos más ganas de aprender a vivir que nadie, quizás porque tenemos la locura en nuestra espalda.
Él: Que lindo, yo tenía esa misma idea cuando era joven, pero bueno, sabés bien que aparecieron ataduras, responsabilidades y dije que trabajaría sólo un par de años en la cooperativa. Hace quince que estoy acá. Había pensado tantas cosas, quería irme en bicicleta en un momento.
Ella: Sí, eso es lo que nos mueve a correr por las dudas de que el tiempo nos apresure a echar raíces, antes de que la cabeza se canse de lo impredecible, antes de cualquier cosa. Pero, ¿a dónde querías irte en bicicleta?
Él: A Buenos Aires, igualmente mejor haberme quedado, mirá si la locura me atacaba allá, lejos. Me internaban en un manicomio.
Ella: La locura es hermosa y médicos hay en todos lados. Pero sí, el apoyo no se consigue en cualquier lugar, el apoyo es casa.
Él: Sí, por eso mismo. Vos no sabés si es hermosa la locura, yo sí.
Ella: Un poco de eso sé, dejame pensar que sé sobre ella.
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