
Simplemente la cabeza, y las ideas que se revuelven.
Que corren alrededor de una habitación con las paredes empapeladas de indecisión.
Que van, que vienen, que bailan libres en terrazas inmensas.
Que caminan en fila india a un paso de su propio abismo.
Que renacen y que hartas estallan.
Pero en fin es simplemente una cabeza.
Y mejor va a ser que todo lo que viene con ella se guarde en aquel cajón.
Que de paso no es diminuto.
Donde uno suele dejar ciertos aspectos indispensables que son reemplazados por costumbres endebles.
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