6.05.2010

"Todos los sábados son martes y trece"

Un viernes común, normal, tranquilo, decidí ser dura. Decir no. De pronto volvió la típica y rutinaria invitación para ir a tu casa, como siempre lo hacíamos, todo calculado. Me llamaste, me escribiste, y de la mano con mi típica y rutinaria decisión, accedí. Me buscaste en el auto de Cristian, nada especial, habían estado dando vueltas quien sabe por donde, nos reímos, hablamos, quisiste que me quedara, yo por mi parte quise irme. Me llevaste, me llamaste para decirme nada mas que buenas noches. Ojala algún día puedas quererme te dije. Creí que todo estaba mas que claro con esa frase final. Anhele un cambio y dormimos, separados, la típica y rutinaria situación.
Llego el sábado, un sábado poco común, te llame, quise verte, esta vez mi perfil era distinto. Me dijiste que me avisabas que hacías.
No aguante, ¿Por qué las cosas salieron tan mal?. Llame y escuche el silencio, y a los minutos, todo cambio. El teléfono marcaba un numero desconocido, llamada entrante. Era ella. Todo se desmorono, rogué que encontráramos una excusa, otra mentira. Rogué que no cambiara. Nunca me preocupe por sostener esta situación a tu lado, pero esta vez me convenía. Y todo salió mal, pésimo. Fuiste además de hipócrita típico y rutinario, un terco. Nunca pensé que había cosas peores que las que ya habías provocado en mi. Y fui sincera y espero que hiriente. Y te ame típica y rutinariamente aun en esta situación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario