
En medio de continuas despedidas, ahí era dónde yo actuaba.
Estaciones que iban y venían, escaleras que subían y bajaban, calles soñadas eran parte de lugares libres que a nadie pertenecían.
Y esa nostalgia que por mementos me arañaba la piel.
En soledad nada servía y por eso todo debía, tenía la obligación de ser reinventado.
Todo en absoluto, sobre esa pelea constante entre el futuro que se abría y el pasado que se aferraba con raíces al cuerpo. Este cuerpo, extraño.
Se batía una guerra eterna, esa que nunca jamás cesa, dentro de una cabeza retorcida y desordenada.
Y mis ojos dolían inundados de cada una de las imágenes, esas que ya se habían ido, que ahí se habían quedado, viéndome tomar otro camino.
Mis ojos se aferraban para siempre, encarcelándolas, temiendo la aparición del olvido.
Cuánto dolor habita en dejar atrás esos lugares de ensueño, para volver a luchar hasta el cansancio para sentir esa maldita y hermosa magnificencia sólo por un minuto más en la vida.
Estaciones que iban y venían, escaleras que subían y bajaban, calles soñadas eran parte de lugares libres que a nadie pertenecían.
Y esa nostalgia que por mementos me arañaba la piel.
En soledad nada servía y por eso todo debía, tenía la obligación de ser reinventado.
Todo en absoluto, sobre esa pelea constante entre el futuro que se abría y el pasado que se aferraba con raíces al cuerpo. Este cuerpo, extraño.
Se batía una guerra eterna, esa que nunca jamás cesa, dentro de una cabeza retorcida y desordenada.
Y mis ojos dolían inundados de cada una de las imágenes, esas que ya se habían ido, que ahí se habían quedado, viéndome tomar otro camino.
Mis ojos se aferraban para siempre, encarcelándolas, temiendo la aparición del olvido.
Cuánto dolor habita en dejar atrás esos lugares de ensueño, para volver a luchar hasta el cansancio para sentir esa maldita y hermosa magnificencia sólo por un minuto más en la vida.
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