Si por un segundo el universo se quedase taciturno, casi como somnoliento, y después de la pausa, después del breve descanso, solo la munificencia de la humanidad saliera a relucir. Si el mutismo sirviera de musa, y el ritual acabara con el disimulo. Si ya no existieran contaminantes de la preciada y malgastada pureza.
Si los indignos se convirtieran en indulgentes, veríamos surgir a la magia escondida en el universo riendo a carcajadas.
Encontraríamos a la perfección aburrida, y volveríamos a ser ignorantes y abyectos, en la a veces seductora, a veces hiriente búsqueda de lo desconocido. Y convertiríamos a la magia, un privilegio de unos pocos, uno de los tantos caminos.
Volveríamos a cerrar los ojos, a creernos enclenques para convertirnos en ello. Volveríamos a ser víctimas de nuestra propia injusticia. Sentiríamos calma hasta alcanzar la locura de creernos revolucionarios.
Si los indignos se convirtieran en indulgentes, veríamos surgir a la magia escondida en el universo riendo a carcajadas.
Encontraríamos a la perfección aburrida, y volveríamos a ser ignorantes y abyectos, en la a veces seductora, a veces hiriente búsqueda de lo desconocido. Y convertiríamos a la magia, un privilegio de unos pocos, uno de los tantos caminos.
Volveríamos a cerrar los ojos, a creernos enclenques para convertirnos en ello. Volveríamos a ser víctimas de nuestra propia injusticia. Sentiríamos calma hasta alcanzar la locura de creernos revolucionarios.
"Magia"
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