
Y verás a la simple inmensidad jugando como un niño.
Y sentirás la necesidad de seguirla, de volar, de mojarte en ella.
En la grandeza del agua con sabor a sal, en la infinidad.
En la infinidad.
De bailar, de subir, de bajar como el inocente sol de febrero, que duerme y que nace en un mismo lugar.
Que lindo Vale!
ResponderEliminar