Todo fué al estilo de siempre, sorpresivo. No contaba con la garantía de poder verte, tal como lo hacía dos meses atrás. Pero quizás en la soledad de nuestros aburrimientos logramos finalmente coincidir. "No nos puede ver nadie" dijo y caminé por una callesita de tierra un diecisiete de agosto. No recordaba esa tensión. La espera y mis labios consumieron un cigarrillo y mi paz era implacable, siempre fuimos los conocidos más extraños.
Llegaste y dejé mis imaginaciones para hacerme saber que realmente el que me buscaba, el hombre de campera negra en el asiento de al lado, eras vos, él.
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