9.27.2010

Donde habita el olvido II

Y me enloqueció completamente darme cuenta la magnitud de esto, diecinueve años cargabas en tu espalda cuando me diste el primer par de promesas traicioneras. Y hoy, después de tres años eternos, después de tantas cosas, ahí estábamos, volvíamos a encontrarnos por una razón o por otra con las mismas limitaciones que en aquel entonces. Yo no se porque, no se como es que vivimos tanto, como es posible haber tenido conmigo al mejor maestro, a lo mejor que me paso jamás.
No entiendo como mi crédula insignificancia lo hizo eterno para conmigo.
No entiendo que paso, que esta pasando, y obviamente no me doy una mínima idea de lo que puede llegar a pasar.
Como esto cambio tanto, como maduro de la mano del tiempo, como en medio de una mentira, como hicimos para conocernos.
¿Qué quiero? No quiero ataduras.
¿Qué quiero? Es que no lo sé.
¿Su nombre? Emilia tal vez.
“Las cosas estaban mal desde lo que paso con vos”. ¿Cómo puedo ser parte?, ¿Cómo puedo simplemente ser en medio de este huracán?
“Equivocados estuvieron siempre”. Estuvimos, porque si caemos, si nos vamos, el lugar es de dos. Y la verdad siempre es un placer equivocarse junto a él.
No voy a callar cuando tenga que admitir que él es la única persona con la que puedo sentarme y discutir. Las palabras grandes y las relaciones no son para mí, tampoco para el, lo sé. Y tengo tiempo, todavía para esperar a que él lo descubra. Y el tiempo paso y fuimos el y yo nada en ninguna ciudad.

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