La verdadera aflicción, la preocupación pura que invade los acostumbrados huesos, esa es provocada por los laberintos mentales no tan comunes de cada ser.
No encontrar una digna salida o tener que obligadamente emitir elecciones con base en el conflicto, por la presencia de la inseguridad, eso es difícil. Si nacen y viven con esa base, conflictuadas serán por toda una eternidad.
Poner los dos pies en un auto o que hagan hincapié en discapacidades de razonamiento. El simple y traicionero hecho de sentarse en la cama pensando en nombre para una próxima flor.
Tener que elegir si quedarse o fluir, en escribir o no escribir, en confiar en un par de virtudes o encarcelarse en una celda oscura y sin fin en presencia de las desilusiones.
Tener que adivinar cuán lejos pueden las cosas llegar o si lo éticamente correcto es la inmovilidad.
Vivir sin percatarse en el morir. A pesar de estar siempre a un paso del mar.
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