9.08.2010

Todo menos esos paraísos

La verdadera aflicción, la preocupación pura que invade los acostumbrados huesos, esa es provocada por los laberintos mentales no tan comunes de cada ser.
No encontrar una digna salida o tener que obligadamente emitir elecciones con base en el conflicto, por la presencia de la inseguridad, eso es difícil. Si nacen y viven con esa base, conflictuadas serán por toda una eternidad.
Poner los dos pies en un auto o que hagan hincapié en discapacidades de razonamiento. El simple y traicionero hecho de sentarse en la cama pensando en nombre para una próxima flor.
Tener que elegir si quedarse o fluir, en escribir o no escribir, en confiar en un par de virtudes o encarcelarse en una celda oscura y sin fin en presencia de las desilusiones.
Tener que adivinar cuán lejos pueden las cosas llegar o si lo éticamente correcto es la inmovilidad.
Vivir sin percatarse en el morir. A pesar de estar siempre a un paso del mar.

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