12.03.2010

Diario de viaje V


Por fin, por fin llegamos a las seis y chirola a Frankfurt.
El aeropuerto era más grande que el pueblo de dónde veníamos, tomamos un tren, aconsejados por una señora con traje en una bicicleta pequeña. Incontable número de cintas transportadoras nos esperaba para llegar al Gate A 40, que dicho de paso más lejos no podía quedar.


Pero antes de eso saludamos a Alemania, conocimos el frío, juntos, en compañía de un cigarrillo y de una vereda blanca.


Después fue más de lo mismo, un aeropuerto más sofisticado que el de Barajas que tenía un toque de arte y comicidad de paso.
Más checks in, más esperas. Y ahí acampamos, en el piso, argentinos tranquilos e inadaptados frente a una Alemania elegante y conservadora.
Pero reímos, fuerte, hablamos o más precisamente gritamos.

Despreocupados siempre. Jóvenes eternos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario