Nos despedimos sin darnos cuenta siquiera de la magnitud de los tiempos y los espacios que estaban por venir.
Entregamos el papelerío víctimas de un par de problemas típicos de la suerte.
Entramos a una sala, a una sala de espera, sentíamos que por una vez en la vida era posible estar en ningún lado.
Y volamos alto, muy alto.
Entramos a una sala, a una sala de espera, sentíamos que por una vez en la vida era posible estar en ningún lado.
Y volamos alto, muy alto.
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