
Es eso lo imprescindible, eso, justo lo que hay en vos, en tu esencia, en tu forma.
El rejunte de tus cachetes al sonreír, la picardía de tu mirada que todo lo quiere, que todo lo rebusca.
La claridad del sol en tus ojos cuando abren.
La oscuridad y el sueño en ellos cuando cansados de tanto vivir cierran.
Y allí la expresión en tu rostro que quién sabe porque sueño bizarro estará pululando.
Y allí tu calma, provocadora de un ir y venir homogéneo en tu cuerpo, en tu respirar.
Y allí mis manos, siempre a tu alrededor, siempre buscando.
Buscando esa textura y más aún esa reacción, esa, la que tu piel blanca y curva suele tener aprisionada por ellas.
Y es allí cuando arqueas y cuando como nadie te amo, te deseo.
Es allí dónde suben escondidas por un costado bajo tus brazos.
Es allí dónde las Belílulas viven, exaltadas, eternas.
Es ahí donde van, donde vienen, donde sienten, donde temen, porque aman.
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